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Jaime Ricaurte Hurtado
González, nació en la parroquia abandonada
de Malimpia del cantón Quinindé de la Provincia
de Esmeraldas, una de las tantas zonas olvidadas del país,
en las que parece que el tiempo se ha detenido y el progreso
se negó a entrar. Donde la desesperanza se confunde
con el polvo que se levanta en el veneno ardiente, y la
ira de sus habitantes se ahoga en las tierras anegadas en
los fuertes inviernos.
Era un 7 de febrero de 1937. Sus padres fueron Esteban Hurtado
y Pastora González, quienes a pesar de ser analfabetos,
forjaron en él una persona de excelentes cualidades
humanas. Llegó a este mundo en el tiempo que insurgieron
en la literatura ecuatoriana grandes letras, que tanto lustre
han dado al país como Joaquín Gallegos Lara,
Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert, José
de la Cuadra, Jorge Icaza, Pablo Palacios, Jorge Carrera
Andrade, y otros.
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Su vida la hizo en el campo. Allí vivió y trabajó
sus primeros años. En medio de las labores agrícolas
que desempeñaba con sus padres y hermanos, tejía
sus sueños y esperanzas. Entendió que con esfuerzo
y sudor se hacía producir la tierra, que no era sencillo
para los pobres garantizar la subsistencia. Fue el menor de siete
hermanos y desde muy pequeño conoció la responsabilidad
del trabajo, la necesidad de sus padres que así lo exigía,
por lo que se dedicó al cultivo de plátano, caña
y coco. Ello forjó su carácter.
Un obrero infatigable,
un estudiante brillante
A los 10 años, sale
por vez primera a la capital de su provincia, Esmeraldas, para descubrir
los primeros trazos de las letras, para descifrar vocablos y palabras,
para iniciarse en la escuela “21 de Septiembre”, mientras
el resto de niños lo hacían a los 7. La razón
de su ingreso tardío se encuentra en el duro trabajo que
los niños deben emprender, a fin de ayudar a la economía
de sus familiares. Esto le significó mayores esfuerzos. Terminada
la jornada escolar, ayudaba a sus padres, limpiando calzado y después
ayudaba a sus padres en el pequeño bar que administraban
hasta entrada la madrugada. Así se entiende su carácter
recio, su amor al estudio y al trabajo, forjado en largas y agotadoras
jornadas.
Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Fiscal “5
de Agosto”, de la capital esmeraldeña, establecimiento
que le otorgó una beca para que finalizara sus estudios en
el Colegio “Eloy Alfaro”, de la ciudad de Guayaquil,
donde desarrolla una intensa actividad deportiva en básquetbol
y atletismo.
Deportista destacado
Fue seleccionado de básquet
por la provincia de Esmeraldas, en el colegio “Eloy Alfaro”
desarrolló sus cualidades físicas con mucho éxito
en la actividad atlética. Representó a la Provincia
del Guayas por varias ocasiones. Ganó la presea de oro en
salto triple, lanzamiento de la jabalina y de disco, 110 metros
vallas y 1.500 metros planos. Como basquetbolista integró
los clubes Atlétic y EMELEC. Varias veces integró
la selección provincial del Guayas de básquet y viajó
a Cali en representación de la provincia.
Fue preseleccionado nacional de básquetbol, junto a figuras
como Pablo Sándiford, Cuto Morán, Chato Mejía,
Carlos Valle, Abel Jiménez, entre otros.
Podría decirse que así complementaba tres elementos
básicos para el desarrollo de la personalidad del hombre:
estudio, trabajo, disciplina deportiva y recreación.
Líder y firme
dirigente universitario
Sus estudios superiores los
realizó en la Universidad Santiago de Guayaquil, lugar donde
inició y participó activamente en la política.
Fue presidente de la Asociación Escuela de Derecho, y candidato
a la Presidencia de la Federación de Estudiantes Universitarios
del Ecuador, FEUE.
Su origen de clase, los esfuerzos invertidos para obtener su superación
y su profunda sensibilidad humana le permitieron comprender que
la dolorosa situación de vida de su pueblo debía cambiar
totalmente. Sentía la necesidad de ser parte dinámica
de este proceso de cambio.
Un negro ejemplar
Se sentía orgulloso
del color de su piel, vivió modestamente. Sus enemigos le
criticaron siempre su buen gusto por el vestir, de modales finos
y formales, conocía cual debería ser su comportamiento
en sus diferentes actividades. Honesto, disciplinado hasta el extremo,
nunca llegó tarde a una cita. Su pasión la vida y
la libertad, su lucha era el ideal de una Patria Nueva, sus hermanos
los pobres. Respetuoso y atento. Le gustaba la comida costeña,
el “caldo de bolas de verde”, el “encocao”,
también le gustaba la comida serrana. Cariñoso con
los niños y los ancianos; gentil y galante con las damas.
Admirador de Martín Luther King, del Che, de Marx, Engels,
Lenin y Stalin, de Rumiñahui, Espejo, Bolívar. Fue
escritor y poeta, gran orador, dialéctico en sus expresiones,
estudioso de la Filosofía, Sociología, Derecho, Lógica,
Economía, etc. La realidad del Ecuador y del mundo no le
eran desconocidas. Alguna vez lloró y quienes lo vieron,
fue por la muerte de su madre. Era humano, en definitiva un hombre,
común y corriente, excepcional.
Militante revolucionario
En el año de 1966, ingresa
al Partido Comunista Marxista-Leninista del Ecuador PCMLE. Abraza
la redención de los explotados, siendo consecuente con los
principios revolucionarios hasta su muerte. Por sus cualidades y
trabajo tesonero se ganó un puesto en la dirección
del Partido del Proletariado, llegando al Comité Central
y al Buró Político. Por la consecuencia demostrada,
es parte de los héroes del Partido y del Pueblo, que han
ofrendado sus valiosas vidas por la liberación de los trabajadores
y los pueblos del Ecuador y por la construcción de la sociedad
socialista y comunista.
Fundador y dirigente
del MPD
Desde el movimiento de los
trabajadores, frente a la dictadura del triunvirato militar de finales
de la década de los 70, junto a la FEUE y a la FESE, se plantea
un Programa de Gobierno de los trabajadores, campesinos, maestros
y estudiantes, para atender las necesidades de un pueblo postergado.
Éste fue el antecedente para la constitución del Movimiento
Popular Democrático. Solo el pueblo podría aplicar
ese Programa y éste se organiza a su alrededor fundando el
MPD el 17 de marzo de 1978. Jaime Hurtado cumple un papel protagónico
en este proceso.
En 1979 es electo diputado nacional y se instala el primer Congreso
Nacional de esta etapa de régimen constitucional. Jaime Hurtado
González se convierte en un hito en la historia política
del país, ya que es el primer candidato negro en llegar al
Congreso Nacional.
En 1984 participa como candidato a la Presidencia de la República,
en binomio con el compañero Alfonso Yánez, obteniendo
un cuarto lugar en dichas elecciones.
Desde 1990 a 1994 fue Director Nacional del MPD. En 1998 volvió
como Diputado Nacional al Congreso, su actividad parlamentaria se
caracterizó por sus denuncias de actos de corrupción
y la defensa de los intereses de los sectores más necesitados.
Con la misma energía y entusiasmo con que se entregaba a
la construcción del Partido para la revolución, cuidaba
de su unidad, su integridad. Firme contra las clases dominantes,
firme contra quienes atentaban contra la pureza de la Línea
política del Partido, su unidad y organización. Lo
vimos enfrentando los intentos divisionistas, desenmascarando a
los tránsfugas de la izquierda. Su actitud ha sido refrendada
por el tiempo. A quienes combatió y depuró de las
filas de la revolución, hoy se encuentran medrando de las
migajas que las clases dominantes dan a quienes en su momento les
han servido y lo siguen haciendo.
El miércoles 17
de febrero de 1999 es vilmente asesinado en compañía
del diputado alterno Pablo Tapia y el asistente de servicios legislativos
Wellington Borja, luego de salir de la sesión del Congreso
Nacional, en donde se le negó inicialmente el uso de la palabra
y al no permitírsele hablar señaló: “Señorita
Presidenta quiero hablar ahora, no mañana”. En éste,
su último discurso fustigó duramente al gobierno de
esa época, del corrupto Jamil Mahuad.
Jaime vive en el corazón de quienes amó, por quienes
luchó. Jaime lucha con el militante comunista que, día
a día, organiza, educa, y hace la revolución; Jaime
está presente en el obrero que lucha con su martillo, por
transformar esta sociedad; vive en el campesino que levanta su huipala
y su hoz para labrar su propia historia; vive y vivirá por
siempre en la lucha de los maestros y estudiantes, en los jóvenes
transformadores de esta sociedad caduca, como dijera alguien en
el sepelio: “Jaime, te mataron, pero ahora no te podrán
matar”.
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